El examen
Cuando le entregaron el examen con las trece preguntas escritas a ordenador, no hizo falta que las leyera. Ya sabía lo que debía contestar para conseguir la plaza. Sin embargo, fue incapaz de mover la mano derecha y comenzar a responder con naturalidad.
Por su cabeza daban vueltas muchas cosas, la mitad de ellas revueltas. La muerte reciente de su madre, la llamada al subdirector provincial, el sobre con las preguntas que llegó a su buzón...
No era capaz de escribir. Hubiera preferido mil veces ir como otros años y suspender el examen sin más. "La maldita oposición para conseguir una posición", dijo en voz baja haciendo una rima fácil, que ni a él mismo le gustó.
Mientras dudaba entre contestar a las preguntas o dejar el ejercicio en blanco, miró a las mesas y sillas de alrededor. A su lado una chica rubia, con el pelo rizado, respondía a las preguntas muy concentrada. Tenía la espalda inclinada hacia la mesa y su bolígrafo rasgaba el papel con trazos seguros.
¿Qué estaría poniendo?, se preguntó. Si supiera que la plaza estaba dada de antemano, ¿para qué escribir tanto?
Volvió los ojos a su examen. Había escrito la fecha, el nombre con los dos apellidos y poco más. Desde que le entregaron la hoja con las preguntas, se notaba indispuesto, con malestar en el estómago, como si las porras del desayuno en la cafetería le hubieran sentado mal. Se pasó la mano sobre la frente. La tenía fría y estaba sudando por las sienes.
-¿Se encuentra bien?- le preguntó un miembro del tribunal al pasar por su lado. Era un hombre de unos treinta y cinco o cuarenta años, con aspecto de padre de familia.
-Sí, no se preocupe. Sólo estoy pensando- contestó de prisa, con un difuso sentimiento de culpa.
El examinador abrió la ventana que estaba a su lado y siguió caminando para vigilar el examen. Mientras se alejaba por el pasillo que formaban las sillas, se fijó en sus zapatos de cuero. Estaban cubiertos de polvo y tardaron mucho en llegar a la tarima de madera. En la primera fila una mujer embarazada apenas cabía entre el pupitre y la silla. Estaría de seis meses, quizá de siete. Lo sabía por su hermana, que acababa de tener un niño. Pero tarde. La abuela del niño había muerto unos días antes.
Desde una de las mesas del fondo, alguien se levantó con rapidez, haciendo chirriar la silla. Entregó en silencio el examen al presidente del tribunal y se marchó sin despedirse.
Eso es lo que debía hacer. Irse, pensó mientras arrugaba uno de los folios en blanco. Pero no lo hizo. Le faltaba valor. A la cabeza le vino la discusión que había tenido con su padre en casa hacía una semana.
-Se lo prometiste a tu madre. Debes llamar al subdirector. ¿Lo has entendido?- le dijo su padre de pie en medio del cuarto de estar.
-No lo voy a hacer. Me da igual lo que pienses. Ya lo he decidido- respondió desafiante, dando un manotazo en la mesa del comedor.
-Lo que pasa es que no sabes mantener tu palabra. ¡Ni siquiera a los muertos!
La frase quedó flotando en el aire unos segundos, como si en la habitación hubiera eco, pero no se atrevió a contestar. Sintió que su corazón se agrietaba poco a poco, como una mole de hielo con la llegada del calor.
-¡Esta bien! Por mamá. Lo hago sólo por mamá- terminó diciendo con los ojos llenos de rabia.
Ahora en el examen no sentía rabia, pero no se encontraba del todo bien. En el aula hacía mucho calor. Se remangó la camisa y miró la hora en el reloj de pulsera. Desató la correa de cuero y lo dejó sobre la mesa. Todavía le quedaba más de una hora para terminar. Demasiado tiempo. No pudo más.
Dobló varias veces el folio con las trece preguntas escritas a ordenador, construyó algo parecido a un avión de papel y lo arrojo por la ventana que el miembro del tribunal acababa de abrir.
Luego se puso de pie, recogió el reloj de la mesa y, sin decir nada a nadie, se fue a su casa.
Miguel Luis Sancho
Licenciado de Filología Hispánica. Profesor Titular de Instituto de Lengua y Literatura Española. Acaba de publicar la novela juvenil "Donde vuelan las águilas".
Licenciado de Filología Hispánica. Profesor Titular de Instituto de Lengua y Literatura Española. Acaba de publicar la novela juvenil "Donde vuelan las águilas".








